La OMC vive entre sobresaltos

GINEBRA, 2 Sep. 2020 (GC)  – Nunca tuvo ni siquiera un día de calma la Organización Mundial del Comercio (OMC) desde que se creó en 1995. Empieza este mes de septiembre en acefalía  por el alejamiento del brasileño Roberto Azevêdo, un año antes de la terminación de su segundo mandato de director general, para incorporarse como vicepresidente a la transnacional estadounidense PepsiCo.

Deja la institución en la misma zozobra inherente al sistema global de intercambios que encontró al asumir en 2013, pero seriamente agravada ahora por la doble crisis planetaria causada por la pandemia de la covid-19 y la recesión económica y comercial.

Azevêdo, el primer latinoamericano en alcanzar la máxima posición de la OMC, llegó impulsado por el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, del izquierdista Partido de las Trabajadores. Se retira en buenos términos con el actual régimen ultraderechista presidido desde enero de 2019 por el exmilitar Jair Bolsonaro.

Pero esa flexibilidad política no le sirvió para menguar los desencuentros que caracterizan a la OMC desde su creación, en 1995, entre países en desarrollo del Sur y los industrializados del Norte.

Pasada la página de Azevêdo el 31 de agosto, los 164 Estados miembros del sistema se enfrascan desde este mismo martes 1 en el difícil proceso de su sucesión y en el más complicado aún de las negociaciones comerciales con miras a la aplazada Conferencia Ministerial, prevista ahora para junio de 2021.

El desenvolvimiento de las actividades administrativas y políticas de la dirección general de la OMC quedará en manos de David Walker, representante de Nueva Zelanda, que preside el Consejo General, el órgano que asume la conducción del sistema durante los períodos de receso de la suprema Conferencia Ministerial.

En esas funciones, que se extenderán por lo menos hasta la primera semana de noviembre cuando se espera que asuma la persona que reemplace a Azevêdo, Walker contará con la colaboración de los cuatro directores generales adjuntos (DGA), Karl Brauner, de Alemania; Yi Xiaozhun, de China; Alan Wolff, de Estados Unidos, y Frederick Agan, de Nigeria.

En primera instancia se había resuelto que tras la partida de Azevêdo y hasta que se decida el nombre de quien lo sucederá, uno de los directores generales adjuntos asumiría la conducción de la OMC.

Pero fue imposible llegar a un consenso. Si se observa la procedencia de cada uno de los adjuntos se comprenderá la profundidad de los disensos en la organización, aunque el origen de las discordias incluya a más protagonistas.

Los directores generales adjuntos son designados, cuando asume, por cada director general, en previa consulta con los Estados miembros y atendiendo por lo general a una representación equitativa de las regiones. Concluyen su misión al retirarse de la organización el director general por fin de su mandato o por decisión anticipada, como este caso de Azevêdo.

Walker zanjó los dos problemas, la falta de consenso en torno a un solo DGA y la conclusión de los mandatos, con la decisión de asumir la dirección del proceso y de extender las funciones de los adjuntos hasta que finalice la selección del nuevo director general.

En todas las etapas de la selección de candidatos, Walker cuenta con la asistencia del presidente del Órgano de Solución de Diferencias, el hondureño Dacio Castillo, y del presidente del Órgano de Examen de Políticas Comerciales, el islandés Harald Aspelund.

El proceso comenzó en junio, de inmediato tras el anuncio de Azevêdo, con el llamado a la presentación de las y los postulantes. En julio ya se conocía a los ocho candidatos, tres mujeres y cinco varones, que comenzaron de inmediato a divulgar sus propuestas entre los estados miembros y los medios de comunicación.

A fines de julio se presentaron por separado y fueron sometidos a escrutinio del pleno del Consejo General. En agosto y la primera semana de septiembre los candidatos siguen en la búsqueda de apoyos.

Walker, secundado por Castillo y Aspelund, realizarán del 7 al 16 de septiembre la primera ronda de consultas con representantes de los Estados miembros para que expresen sus preferencias y determinar así la amplitud del apoyo que recibe cada candidato.

Queda entendido que al cabo de esa ronda, los tres candidatos que obtengan la menor probabilidad de obtener consenso, desistirán de su postulación.

Con el mismo criterio se efectuará la segunda ronda de consultas, que también prevé la exclusión de otros tres candidatos. Reducida de esa manera a solo dos alternativas, en la etapa final Walker y sus asistentes recogerán la opinión mayoritaria y presentarán la decisión al pleno del Consejo General.

Todo esto debería ocurrir apenas horas después de que se conozca el desenlace de las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 3 de noviembre.

Los ocho candidatos, por el orden en que presentaron sus postulaciones son: el mexicano Jesús Seade Kuri, la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala, el egipcio Abdulhameed Mamdouh, el moldavo Tudor Ulianovschi, la surcoreana Yoo Myung-hee, la keniana Amina Mohamed, el saudita Mohammad Maziad Al-Tuwaijri y el británico Liam Fox.

Todos mostraron desenvoltura en sus presentaciones ante los negociadores de los países miembros de la OMC  y los periodistas. Exhibieron también experiencia en temas de comercio y economía internacional, aunque solo dos, la nigeriana y el mexicano, resaltaron la problemática de los países en desarrollo.

Excluidas de la puja las tres grandes potencia comerciales: China, Estados Unidos y la Unión Europea (UE), sorprendió la candidatura de última hora de Fox, conocida luego de que los europeos hubieran desistido de presentar postulante.

Fox, respaldado por el gobierno conservador de Boris Johnson, acude a esta selección con el significativo aval de las fuerzas políticas británicas que acaban de desentenderse, con el Brexit, de uno de los proyectos más acabados de acercamiento comercial entre naciones, de todos los tiempos, como es la Comunidad Europea.

Los procedimientos de la OMC para el nombramiento de los directores generales establecen que cuando en la selección final los miembros deban optar entre candidatos de igual mérito, tendrán en consideración “la conveniencia” de que “refleje la diversidad de la composición de la OMC”.

La única región que hasta ahora no ha alcanzado esa posición es África. La exclusión de ese cargo abarca también a las mujeres. Desde la fundación de la OMC ha habido tres directores originarios de Europa, uno de Oceanía, uno de Asia y uno de América.-

 

(GC)

 

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