La OMC en trabajo doméstico

GINEBRA, 16 mar (GC).- La expansión del coronavirus paralizó este lunes toda actividad en la sede de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que se vio obligada a extender hasta fines de abril la suspensión de las reuniones de sus 164 estados miembros después de sostener consultas con agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) también radicadas en Ginebra. Esa interrupción, en realidad, ya regía en la OMC desde el 11 de marzo cuando se implantó pero sin establecer una fecha de vencimiento.

Desde este lunes, igualmente, el plantel de 625 empleados de la OMC, con excepción de quienes atienden las cuestiones más críticas, seguirá ejerciendo las tareas, hasta fines de marzo, desde sus domicilios, mediante el sistema de teletrabajo.

La decisión de restringir las actividades de la OMC fue anunciada este domingo por el director general de la institución, Roberto Azevêdo, quién precisó que había sido dictada luego de consultar con el presidente del Consejo General de la OMC, embajador David Walker, representante de Nueva Zelanda, que avaló la medida.

Las disposiciones de la OMC coinciden con prevenciones semejantes adoptadas por otras organizaciones multilaterales radicadas en esta ciudad suiza, que a su vez se alinean con las políticas de la Confederación Helvética que este lunes declaró en Berna, la capital, el estado de “situación extraordinaria” para los 26 cantones que integran la unión.  Las restricciones implantadas por la Confederación se extenderán hasta el 19 de abril y afectarán a actividades comerciales, de enseñanza, reuniones públicas y privadas de personas, aunque se asegurará la provisión de alimentos en comercios y de medicinas en farmacias.

Otra disposición establece controles en las fronteras del país con Francia, Alemania y Austria, que se suman a los ya existentes en los pasos limítrofes con Italia, por donde ingresan cada día al cantón de Ticino, unos 70.000 trabajadores de la península. A través de las fronteras del cantón de Ginebra con Francia pasan a diario unos 85.000 trabajadores fronterizos franceses. Se calcula que en total Suiza recibe cada día unos 325.000 obreros y empleados, muchos especializados, que retornan en la jornada a sus países vecinos de origen.

La interrupción de actividades perjudica a la OMC por un motivo eventual, la cancelación de su conferencia ministerial programada para junio próximo en Nur-Sultan, capital de Kazajstán, a causa precisamente del mismo Covid-19. Y a largo plazo porque esta calamidad sanitaria ya está dejando una huella marcada en el comercio mundial, motivo de la existencia de la organización, y amenaza con efectos aún más severos en el futuro inmediato.

Hace un mes, el 17 de febrero, el Barómetro del Comercio de Bienes que elabora la OMC estableció que el volumen de los intercambios mundiales seguiría debilitándose en los comienzos de este año en una tendencia que ya habían delatado los datos recogidos en noviembre y diciembre de 2019. El informe de febrero pronosticó la influencia negativa que tendría la enfermedad del coronavirus en los flujos comerciales y en toda la economía global.

Otro estudio de la OMC, divulgado el 11 de este mes, anticipó que el comercio de servicios se resentirá igualmente por la crisis global que provoca el Covid-19. Los indicadores recogidos en diciembre de 2019 determinaron que en esa fecha el comercio de servicios descendía a una marca de 96,8, en comparación con los 98,4 que presentó en septiembre del mismo año. Los datos provienen del cotejo con una marca de situación ideal en 100 puntos.

El informe determinó que los declives más pronunciados se habían anotado en los rubros de pasajeros de viajes aéreos, 93,5, y en embarque de contenedores, 94,3. De manera singular, la construcción aparece a la cabeza de los servicios con un rango de 99,8, y las finanzas, dominantes en las últimas décadas, con una leve diferencia que las ubica en 97,7. El documento concluía con un vaticinio sombrío: “La lectura del presente Barómetro y la expansión del Covid-19 sugieren que los servicios comerciales pueden retroceder más en los próximos períodos”.

Azevêdo ya había advertido de las consecuencias del coronavirus y de la amenaza sobre la reunión de Nur-Sultan, a comienzos de marzo, al Consejo General, el cuerpo determinante en la OMC durante los recesos de la Conferencia Ministerial. “Si la situación lo requiere, apelaremos a cualquier acción necesaria”, dijo en aquel momento.

El grave tropiezo se ha presentado y el director general de la OMC ya anunció que, impedido de efectuar encuentros personales, procurará establecer conferencias por vías electrónicas con los representantes de los estados miembros para encontrar soluciones al problema de la conferencia abortada. Con la precariedad de recursos para establecer comunicaciones, la OMC tiene que avanzar en la búsqueda de consensos para las propuestas que debe presentar a la eventual conferencia en temas cruciales.

Para evitar un fracaso de la conferencia, los negociadores de Ginebra tendrán que encontrar un equilibrio a cuestiones conflictivas que dividen a la OMC y que en su mayoría han sido sostenidas por las políticas proteccionistas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y en muchos casos compartidas por la Unión Europea y las demás naciones industrializadas.

La conferencia ministerial tendrá que pronunciarse sobre el futuro del sistema de solución de diferencias de la ONU después de que Trump bombardeara hasta la desaparición al Órgano de Apelación, sobre las propuestas de comercio electrónico que pretenden prohibir los aranceles que los países en desarrollo aplican a los productos digitales y sobre la eliminación de las subvenciones a la pesca reclamada por la ONU y que en síntesis se presenta como una alternativa: ¿subvencionar a los pobres o a los ricos?

También la conferencia se deberá ocupar del atraso en las reformas a la agricultura para que los países en desarrollo alcancen la seguridad alimentaria y para que se escuche el eterno reclamo de la India de que los programas de reservas públicas de alimentos no sean obstaculizados por reglas arcaicas de la OMC.

En esas condiciones se hará ardua la tarea del director Azevêdo y del embajador Walker para acercar posiciones entre los bloques de industrializados y países pobres, en particular sin la posibilidad de negociaciones personales entre los representantes de estados miembros. En las mismas condiciones precarias deberá continuar el programa habitual de la OMC que la semana del 23 al 30 de marzo contempla un taller sobre comercio electrónico, sesiones de los comités de agricultura, de comercio y medio ambiente, y de comercio y desarrollo. Además tiene convocada una sesión para la revisión de la política comercial de Zimbabwe y otra del siempre trabajoso Órgano de Solución de Diferencias.-

(GC)

 

 

 

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