La economía mundial es un paciente de alto riesgo

GINEBRA, marzo 9.-  Economistas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) prevén que la epidemia del coronavirus deprimirá este año la economía mundial a un crecimiento inferior al dos por ciento, lo que se traducirá en una pérdida de un billón de dólares, en comparación con los pronósticos que se arriesgaban en septiembre de 2019. El Fondo Monetario Internacional (FMI) auguraba en esos días una tasa de expansión de 2,7 por ciento para 2020. Desde entonces, el FMI y otras instituciones internacionales, como la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económicos (OCDE), que congrega a los países ricos, han reducido sus vaticinios.

La evaluación de las consecuencias económicas de la epidemia, realizada por técnicos de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), considera también la posibilidad de que la expansión de la enfermedad de coronavirus 2019 o COVID19, según la definición sanitaria internacional, ocasione “un escenario de catástrofe en que el crecimiento de la economía mundial alcance solamente un 0,5 por ciento. En ese caso estaríamos hablando de una pérdida para el período de dos billones de dólares”, calculó Richard Kozul-Wright, director de la División de Globalización y Estrategias de Desarrollo de la Unctad.

La crisis del coronavirus es primero y antes que nada una amenaza a la salud pública, pero también a la economía pues desencadenará recesión en algunos países y una desaceleración del crecimiento anual en el mundo por debajo de ese indicador de 2,5 por ciento, que se acepta a menudo como umbral del estancamiento de la economía global, advirtió la agencia especializada de la ONU. “La gran incógnita es si aún podrá ser peor”, dudó Kozul-Wright.

La duración y la profundidad de la crisis dependerá de la extensión y la velocidad de propagación del virus, del tiempo que demande la creación de la vacuna y de la eficacia de las políticas de mitigación de los daños a la salud de las personas, de la economía y del bienestar, subrayó el estudio presentado el lunes 9 de marzo por Kozul-Wright y por Nelson Barbosa, economista principal de la misma División de la Unctad.

El virus recrudeció en actividad y violencia durante el mes de diciembre de 2019 a partir del foco principal en la ciudad china de Wuhan, capital de la provincia de Hubei. Esa región en particular y otras áreas de China sufrieron la enfermedad con toda su virulencia en los dos meses siguientes, aunque los datos de este mes de marzo sugieren una reducción sostenida del número de casos. En contraste, la epidemia se ha extendido a otras zonas del mundo, al extremo de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no descarta declararla pandemia.

La epidemia se caracteriza por expandirse por un solo país en un período determinado de tiempo. La pandemia se propaga por el mundo y gran parte de la población carece de inmunidad para afrontarla. En la actualidad, más de 100 países han reconocido la existencia de la enfermedad en su territorio. Los más afectados hasta ahora, además de China, son Corea del Sur, Italia, Irán, los países de Europa Occidental y Estados Unidos. La OMS no ha sido ajena a las consecuencias económicas del flagelo. Apenas se inició la epidemia estableció seis objetivos estratégicos para afrontarla. Los cinco primeros son de naturaleza estricta sanitaria. El sexto convoca a “minimizar los efectos sociales y económicos a través de asociaciones multilaterales”.

La Organización Mundial del Comercio (OMC), otro foro multilateral radicado en Ginebra, también reconoció la amenaza que la enfermedad representa para los intercambios. Su director, Roberto Azevedo, previó el 2 de marzo último que “los efectos (de la epidemia) en la economía mundial serán probablemente substanciales y comenzarán a evidenciarse en indicadores comerciales de las próximas semanas”.

A su vez, la Unctad, en un informe del 4 de marzo, evaluó en un dos por ciento la reducción que sufrirá este año la producción china como consecuencia de la enfermedad. Esa contracción china ocasionará en el período pérdidas por 50 mil millones de dólares en las economías asociadas al gigante asiático. Otro estudio de la misma Unctad, del 8 de marzo, adelantó que el Covid-19 incidirá este año en una marcada reducción del flujo internacional de inversiones extranjeras directas, que se contraerán entre cinco y 15 por ciento.

Ante ese cuadro, “los gobiernos necesitan gastar en el actual momento y a tiempo para prevenir esta especie de debacle que puede ser más perjudicial que la que es probable que sobrevenga en el curso de este año”, comentó Kozul-Wright en referencia al panorama de “crecimiento lento, desigualdades extremas y conmociones recurrentes” que se repiten desde la crisis financiera de 2008-2009.

El economista se preguntó como reaccionarán China y Estados Unidos ante esta emergencia. El país asiático “introducirá casi seguramente medidas expansionistas significativas en respuesta a esta crisis”. En cuanto al gobierno estadounidense, en un año electoral, “también necesita responder de manera diferente a la simple fórmula de achicar los impuestos y reducir las tasas de interés”. En cuanto a la economía europea, que se comportaba extremadamente mal a fines de 2019, es casi seguro que va a entrar en una recesión durante los próximos meses. La economía alemana es en particular frágil, mientras que las de Italia y de otras partes periféricas de Europa enfrentan también serias estrecheces como consecuencia de las tendencias de los últimos días”, agregó.

Acerca de América Latina, “que también es una región vulnerable, estamos observando una economía, como la de Argentina, que se ha estado contrayendo a causa de las dificultades para atender el servicio de su deuda. Esa es una economía que lucha por abrirse camino entre los efectos demoledores de esta crisis. Pero también otras partes de América Latina están afrontando serias dificultades”, comentó el economista.

En cuanto a los países en desarrollo altamente endeudados, que en especial son exportadores de productos básicos, Kozul-Wright precisó que afrontan una amenaza particular por el fortalecimiento del dólar, que induce a los inversores a buscar paraísos seguros para su dinero, y por la incertidumbre de los precios de los productos básicos mientras la economía mundial se hunde. “Eso significa que los exportadores de productos básicos son particularmente vulnerables”, definió.

Kozul-Wright se ocupó también de la crisis acentuada al comienzo de esta semana en los mercados mundiales de valores y de energía, sacudidos por los efectos económicos de la epidemia de Covid19 y por la caída pronunciada de los precios del petróleo. En el último caso, a raíz de una maniobra de Arabia Saudita que disminuyó los precios de venta de su crudo para precipitar los del mercado mundial y obligar a un nuevo acuerdo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) con precios aun más bajos que los ya deprimidos de los últimos meses.

El economista de la Unctad interpretó que el declive de los precios del petróleo “ha sido un factor que contribuyó al creciente sentido de inquietud y de pánico y por tanto es muy difícil predecir el curso de los mercados. Lo que esto sugiere es un mundo en extremo ansioso. Hay un grado de ansiedad actualmente que excede los temores por la situación sanitaria, que es muy seria y mortificante, pero las ramificaciones económicas de este fenómeno están obviamente causando una alarma mayor”, concluyó.-

(GC)

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